domingo, 24 de septiembre de 2017

FEMINISMO EN MARCHA: LAS PLAZAS DE MAESTRAS DE LA REPÚBLICA Y LAS SINSOMBRERO EN EL CALLEJERO DE MADRID




Maestras de la República y las Sinsombrero tienen plaza en Madrid desde el 6 de Julio, cuando la Mesa de Feminismos del Foro Local de Moratalaz llevó a pleno la propuesta de un cambio de nombre de dos plazas del barrio y lo ganó.

El sábado 23 de septiembre las feministas de Moratalaz
organizamos un pasacalles festivo para compartir con los vecinos y las vecinas del distrito nuestra alegría por esos cambios. Colocamos en las plazas correspondientes los nuevos nombres de forma provisional, en medio de una gran celebración, hasta que el Ayuntamiento de Madrid coloque las placas definitivas.  

La calle fue una fiesta, la alegría de tener estas dos plazas dedicadas a dos colectivos de mujeres tan olvidadas, pero que han aportado tanto, se desbordó. 

El orgullo de haber conseguido este reconocimiento público a Las Maestras de la República y a Las Sinsombrero, por fin con un lugar en el callejero de Madrid, tuvo el color de la alegría y el ritmo de la música, que pusieron el coro Entredos y una charanga marchosa como ninguna. 






Me emocioné durante el recorrido al comprobar la alegría de las mujeres de mi barrio, las mayores y las jóvenes bailando por las calles y cantando libres. Todas compartimos el recorrido festivo de plaza en plaza con Berta Cao, feminista incansable y solidaria como pocas, y también con Carmen Sarmiento, eterna rebelde, una veterana periodista de tve que ha puesto en imágenes inolvidables la desigualdad que padecen las mujeres a lo largo y ancho del planeta, por ejemplo, con aquel documental sobre las mujeres jirafa que tanto me impactó en mi adolescencia. Pego un documental sobre ella https://www.youtube.com/watch?v=eljtDSmntzY.




Me emocioné igualmente cuando Amalia, una amiga entrañable del barrio, que escribe poemas salidos del alma, me contó que una de esas Maestras de la República había vivido en nuestro barrio, en la conocida como plaza del 20. También por ella nombramos esta plaza.

Las Maestras de la República rompieron moldes, llevando los valores de igualdad, laicismo, formación y cultura a todos los rincones de España. Ellas fueron las grandes embajadoras de la II República en cada rincón de nuestra patria. La historia oficial, que todavía conserva un legado franquista repleto de ventanas ciegas, ha pretendido que queden en el olvido. Afortunadamente hay mujeres dispuestas a impedirlo como Pilar Pérez Solano, directora del documental Maestras de la República http://www.lasmaestrasdelarepublica.com/ (también en este enlace http://www.rtve.es/alacarta/videos/dias-de-cine/maestras-republica/2447567/), que visitó Moratalaz hace un par de meses cuando se proyectó su documental en el Centro Cultural El Torito. Esta película ganó un Goya al mejor documental en 2014. 

Lamentablemente la labor pedagógica de mujeres como
Justa Freire, Carmen de Burgos, María de Maeztu, María Sánchez Arbós o Pilar de Madariaga (entre otras muchas) quedó truncada con el triunfo del fascismo sobre la legalidad democrática republicana. Desde 1936 en la zona franquista y desde 1939 en toda España las Maestras de la República fueron perseguidas, depuradas, y apartadas de la docencia. Padecieron el exilio, el exterior y el interior, y muchas de ellas fueron asesinadas y/o desaparecidas. 




Las Sinsombrero también fueron mujeres libres y creadoras que la historia olvidó. Se las conoce con ese sobrenombre porque hicieron el hermoso gesto histórico de lanzar al viento el sombrero para dejar volar libres las ideas y la imaginación. Para recordarlas, las mujeres de mi barrio disfrutaron libres por las calles homenajeando a todas ellas con su vitalidad y alegría al ritmo contagioso de la música.  



Para las creadoras de la Generación del 27, conocidas como Las Sinsombrero (entre las que estaban Maruja Mallo, Margarita Manso, María Zambrano, Marga Gil Roësst, María Teresa León, Josefina de la Torre, Rosa Chacel, o Concha Méndez), destaparse la cabeza en la Puerta del Sol simbolizó desprenderse de una losa histórica de represión hacia las mujeres. Lo hicieron a finales de los años 20 Maruja Mallo y Margarita Manso junto a Salvador Dalí y Federico García Lorca y según cuenta Mallo en una entrevista, les apedrearon y les insultaron. Hay un documental fantástico que habla de ellas que se puede ver en este enlace http://www.rtve.es/m/alacarta/videos/imprescindibles/imprescindibles-sin-sombrero/3318136/?media=tve.

Además hay una página que difunde quienes fueron Las Sinsombrero con documentación y material https://www.lassinsombrero.com/ .

Ayer 23 de septiembre fue un gran día para recordar en Moratalaz. Fue un homenaje feminista a una memoria colectiva que de forma tradicional excluye a las mujeres de los libros, los relatos y por supuesto de las menciones en las calles. Es importante reivindicar nombrarnos a nosotras, es importante que existan reconocimientos públicos permanentes (como sucede cuando se colocan nombres en calles, plazas o en espacios públicos de todo tipo) de las mujeres, igual que sucedía hasta ahora con los varones. Es muy importante y tenemos que reivindicarlo, como hemos hecho las feministas de Moratalaz, porque lo que no se nombra no existe.



El pasacalles finalizó, como hicieron las Sinsombrero en la Puerta del Sol hace más de 90 años. Las Feministas de Moratalaz tiramos el sombrero de la ceguera histórica y del olvido al cielo de Madrid, para simbolizar con nuestro acto la rebeldía permanente de las mujeres que no olvidamos, y que permanecemos en marcha para reclamar derechos de igualdad que nos corresponden en todos los ámbitos. 

Ahora solo falta que el Ayuntamiento de Madrid coloque las nuevas placas en estas dos plazas, tal y como se aprobó con los votos favorables de Ahora Madrid y del PSOE en el pleno del distrito del 6 de julio de 2017.

Carmen Barrios Corredera, 24 de septiembre de 2017






viernes, 9 de junio de 2017

Los gruñidos de los cerdos

Cerdos

Indignación y rabia. Es lo que sentí mientras escuchaba el discurso machista, misógino, patriarcal y clasista con el que el ¿señor? Ángel Garrido, portavoz del PP de Madrid, si dirigió a la portavoz de Podemos, Lorena Ruiz-Huerta,  durante la sesión de moción de censura contra Cifuentes en la sede de la Asamblea de Madrid.

El discurso de este ¿señor? nos denigró a todas las personas que consideramos la igualdad el único camino para construir una sociedad verdaderamente democrática, inclusiva y libre de violencias. 

En demasiadas ocasiones nos preguntamos por las causas de las violencias machistas contra las mujeres. El discurso de este ¿señor? intentando ridiculizar, cosificar y retratar a Lorena como una persona inferior, carente de derecho, menor de edad y necesitada de tutela es una respuesta plausible para entender algunos de los porqués de las violencias machistas contra las mujeres. No se puede permitir que desde una tribuna parlamentaria, durante un acto público, un portavoz -del partido que gobierna la Comunidad de Madrid-  trate así a una mujer, por el mero hecho de serlo, una mujer que es cargo electo, y a la que hemos votado cientos de miles de personas. 

Mientras unas nos dedicamos a luchar contra las desigualdades y contra las violencias que engendran, otros como el ¿señor? Garrido se dedican a cultivarlas. Y desde una tribuna parlamentaria, nada más y nada menos.

Cuando le escuchaba comencé a ver su cara transformada en el rostro de un cerdo, un cerdo que solo es capaz de articular gruñidos insultantes, que hacen daño a los oídos de las personas de bien. Recordé una novela de Marie Darrieussecq titulada "Marranadas" en la que en un universo de capitalismo atroz, hombres machistas y clasistas al extremo, que mercantilizan las relaciones humanas y subyugan a las mujeres, pervierten la vida de todo lo que tienen a su alrededor hasta conseguir una sociedad pringosa y enlodada de fango, en la que los cerdos convierten en cerdo a todos aquellos que tragan con lo que hay, tal y como está haciendo el PP.   

El Partido Popular ha optado por convertir la Comunidad de Madrid en un cenagal, en el que los gruñidos de los cerdos resuenan y son coreados y amplificados por grupos mediáticos de presión que se nutren con los miles de euros de dinero público, de tod@s, en financiación y publicidad que les proporciona este PP corrupto hasta la médula.

Lorena Ruiz-Huerta subió a la tribuna vestida con el deslumbrante traje de la dignidad, e igual que con anterioridad había hecho su compañero Ramón Espinar, trazó con palabras -como hacemos las personas- un discurso inteligente, en el que desgranó un programa político que recupera los derechos y los servicios públicos, pensado para dignificar la vida de las personas y salir de la devaluación vital que han traído los gobiernos de la derecha. Derechos, inversiones públicas, recuperación de la salud, la educación pública, los servicios sociales, aplicación de la ley de dependencia e impuestos a los más ricos. Tanto con la intervención de Espinar, como con la de Ruiz-Huerta se pudo constatar que Podemos es la única alternativa, con programa político viable, al PP de la ciénaga. 

Durante el debate de moción sentí pena por el papelón interpretado por PSOE y C's, que se escabulleron como si los problemas de los madrileños y las madrileñas y el estado de excepción y saqueo de esta Comunidad fuera un asunto de otros.

La moción se perdió. Podemos no tenía los números suficientes en la Asamblea de Madrid. Estoy segura que esta moción se ganará más adelante, en las urnas, sumando los cientos de miles de votos de tantas personas indignadas y afectadas por las políticas de saqueo y de recortes efectuadas por el PP de Cifuentes, que es el mismo PP de González y de Aguirre, el mismo PP de siempre, como demostraron los discursos marranos e indignos de los miembros de este partido, que subieron a la tribuna a dar la cara por la dama de Blanco, que evitó mancharse el traje en la pelea, pero salió más desnuda que nunca del hemiciclo.


La fotografía que acompaña este artículo la realicé en un patio interior de un barrio de las afueras de Bruselas. Algún artista urbano sintió una rabia parecida a la mía y dibujó sobre la pared estos cerdos articulando gruñidos. Le viene al pelo a este artículo. 

martes, 4 de abril de 2017

Tiritas

Selfie burlón para el patrón

Confundir, distraer y engañar son acciones marcadas a fuego en las agendas del poder, que usan sus medios de comunicación afines para entorpecer la comprensión de lo que sucede. A menudo inventan falsos debates para evitar que se hable de lo verdaderamente importante y de lo que de verdad nos afecta. El artículo que pego a continuación va de uno de esos falsos debates. Lo publiqué en la página www.radicaleslibres.es acompañado de la foto "Selfie burlón para el patrón", una imagen que realicé en Barcelona, en una de esas callejas del barrio gótico que tanto me gusta transitar. Una vez más agradezco a los y las artistas urbanos su sensibilidad y su imaginación. Pura belleza en las paredes. Gracias.

Tiritas
La agenda neoliberal inventa falsos debates que pretenden distraer a las personas de lo verdaderamente importante. Se pone en marcha la rueda, crean un elemento de distracción y le dan fuelle a la moviola. Se encargan ediciones de artículos de “expertos” en el tema elegido y se publican con pompa en los periódicos en papel y digitales, a la vez que se planifican minutos de radio y de televisión sobre el asunto del momento.

Ahora se acaban de sacar de la chistera el conejo del derecho a la desconexión digital de los trabajadores de las empresas durante su tiempo de descanso. Este es el tema que toca. Un asunto que desde luego es preocupante, ya que muchos trabajadores salen de su puesto de trabajo como si no hubieran salido, porque tienen que estar disponibles a cualquier hora para la empresa de turno. Sin embargo, aunque es un tema preocupante, desde mi punto de vista no es el tema.

Fuera derechos
Y, ¿cuál es el tema? Se pueden preguntar. Pues no es otro que las reformas laborales llevadas a cabo primero por el PSOE -que en la última etapa del Gobierno de José Luís Rodríguez Zapatero inició el camino- y después por el PP de Mariano Rajoy, que dio forma a una nueva “reforma” de la legislación laboral, que se ha convertido en un retroceso histórico de cuarenta años en derechos de los trabajadores. Esta contrarreforma del PP termina con la negociación colectiva como herramienta fundamental de contrapeso de los trabajadores a las imposiciones de las empresas y permite incluso los contratos de “cero horas”, una aberración legal que deja a los trabajadores desprotegidos y sin derechos, en una posición de meros objetos al servicio de las necesidades de la empresas.
Es absurdo hablar sobre el derecho a la desconexión digital cuando la legislación permite contratos sucesivos de una hora para un mismo puesto de trabajo, ya sea al mismo trabajador o a trabajadores distintos. Sigue siendo absurdo hablar de esto cuando la precariedad laboral se ha impuesto por vía legal en las formas de contratar, cuando un empresario tiene las manos libres para acudir al mercado y señalar con el dedo al trabajador que le interesa en ese momento, tal como hacían los caciques y los capataces hace cuarenta años en las plazas de los pueblos de España con los jornaleros, o al pie de una obra con los albañiles: “tú sí trabajas hoy, tú no, tú sí, tú no….”. 

Algunos se han hecho eco inmediatamente del falso debate sobre el derecho a la desconexión digital y lo han abrazado en el típico juego de despiste, en el que se quiere quedar bien en los medios de cara a la galería, aportando un cubo lleno de nada. Es como si uno va a urgencias con la cabeza abierta y sale de allí con una tirita en una ceja.

Derogar la reforma laboral
No necesitamos tiritas, necesitamos trabajo digno, es una exigencia justa que se derogue la reforma laboral que nos ha devaluado la vida, permitiendo que se despidan trabajadores con facilidad y que las empresas hagan reajustes de plantilla de forma unilateral sin contar con los sindicatos. Una reforma laboral que ha instalado la precariedad, los contratos basura y los salarios de pobreza. Una legislación laboral regresiva que está rompiendo el modelo social de convivencia por los dos extremos, porque por un lado impide la emancipación de los jóvenes y por otro fragiliza hasta el colapso el sistema público de pensiones debido a la baja recaudación -vía retenciones- que se produce como consecuencia de la abundancia de contratos precarios.
Con este panorama, la hiperconexión digital a la que se ven forzados muchos trabajadores y trabajadoras se convierte en una consecuencia lógica de la precariedad, un daño colateral añadido. Es un síntoma más de esa pérdida de derechos que se ha instalado debido a una legislación que desequilibra la balanza del modelo laboral a favor de los empresarios, a los que otorga un poder unilateral como no habían tenido desde la época franquista. Si se consiguiera derogar esta contrarreforma laboral, se recuperaran los convenios colectivos y los empleos dignos, el asunto de la desconexión vendría dado, recogido en los convenios y legislado como es debido. Empecemos la casa por los cimientos y no pretendamos poner los perfiles de las ventanas suspendidos en el aire sin siquiera haber llegado a construir el muro que los sujeta.

Parece que algunos no se han dado cuenta de que tenemos una nube tóxica de tamaño galáctico sobre nuestras cabezas y en lugar de trabajar para extinguir la nube que asfixia el cuerpo social, se dedican a mover el plumero, a ver si esparciendo un poco el polvo se nota menos.

Por favor, atiendan a lo importante, que no es otra cosa que ponerse manos a la obra para conseguir derogar la contrarreforma laboral del Partido Popular, esa nube tóxica que nos asfixia y que está llevando a un buen número de personas en España a una quiebra vital de la que es muy difícil salir con los pulmones limpios.
Carmen Barrios

martes, 20 de diciembre de 2016

La Reina Maga

Manuela Corredera en un pleno del Ayuntamiento de Córdoba en 1980. Foto: Francisco Gónzalez/ Diario Córdoba

Escribí este texto en recuerdo de Manuela Corredera (Madrid, 1950- Córdoba, 2016), política, feminista, activista por los derechos sociales y humanos. Nacida en Madrid, pero afincada en la ciudad de Córdoba, donde fue concejala de servicios sociales y de limpieza por el PCE durante las dos primeras corporaciones democráticas. Puso en marcha un sistema se servicios sociales que sirvió de ejemplo a numerosos municipios de España. Manuela es mi tía, nos dejó el 25 de noviembre en Córdoba mientras se manifestaba contra las violencias machistas. Todas las personas que tuvimos la suerte de conocerla y compartir con ella parte de nuestras vidas no la olvidamos.

LA REINA MAGA
Dicen las crónicas que en la ciudad de Córdoba existió una Reina Maga. Una Reina Maga de verdad, de carne y hueso. Tan de verdad, que fumaba ducados subida en su carroza. Era tan auténtica que hizo que se materializasen sueños que parecían imposibles. Yo tuve la suerte de conocer muy bien a esa Reina Maga. La llevo en mis ojos. Cuando me miro en el espejo la veo sonreír desde la luna brillante de mis pupilas. Me tranquiliza mucho contemplar ahí dentro su rostro. Soy afortunada, llevar la sonrisa de una Reina Maga reflejada en el fondo de los ojos tiene el poder balsámico de conjurar la más amarga de las tristezas.
Los primeros recuerdos que tengo de ella no se si son míos o pertenecen al archivo de imágenes con olor a dulce de mantequilla, que guarda mi madre en una lata de galletas. Si destapo esa lata y despierto una de las fotografías que allí duermen, veo a mi Reina Maga en la incipiente adolescencia y antes de ser coronada, empujando mi sillita de bebé campo a través, a una velocidad que solo pueden alcanzar los seres sobrenaturales. En otra imagen, que ya está bastante malograda por el paso del tiempo y que se despereza entre mis dedos, mi reina juega a la gallinita ciega, rodeada de niñas y de niños pequeños como yo, un día de perol en la frontera del otoño del campo cordobés.
El tercer recuerdo que tengo de ella no duerme impreso sobre papel fotográfico. Está despierto en mi memoria, grabado a cámara lenta, y este sí que da medida del carácter indómito de una mujer que desafió la propia fuerza de la naturaleza con tan solo 18 años. Las paredes de la casa de mis padres se estremecían a bofetón de terremoto y el suelo se inclinaba haciendo temblar la vajilla y bailar con tino las copas colocadas en hilera sobre el aparador del salón. Mi padre corría de un lado para otro vociferando con apremio, que debíamos abandonar la casa cuanto antes, con mi hermano cogido en un brazo y conmigo en el otro, mi madre se aferraba a la cama sin querer moverse, presa de un pavor atávico a los movimientos telúricos. Mi Reina Maga, en cambio, buscaba su capa y sus medias nuevas de cristal, con una calma solo reservada a los seres fabulosos, capaces de concentrarse y apartar el miedo a un lado, aunque la tierra haya decidido estremecerse debajo de sus pies.
Pasaron los años y por fin mi reina fue coronada como Reina Maga, fue durante unas navidades ganadas a la historia para honrar una memoria rebelde, que brilla con rostro de mujer. Comenzó repartiendo esperanza subida a su carroza allá por 1979, primero en forma de lluvia dulce con sabor a caramelo y después con la varita mágica de la acción política. Cuentan las crónicas que no lo tuvo fácil.
El primer día que se subió a su carroza la tiraron proyectiles con hedor a naranja pocha. Eran personas instaladas en el pasado, que tenían un miedo atroz al liderazgo de las mujeres; seres grises y de rostro opaco, que olían a humedad de sacristía y arrastraban aún las faldas de una sotana pesada y negra, un lastre cosido a la piel de esta tierra durante cuarenta años, que no las dejaba caminar aún por la calle ancha y luminosa de la democracia. Ella no se arredró. Las enfrentó con elegancia prodigiosa.
No contaban con que no hay obstáculos que una Reina Maga y republicana no pueda superar si se lo propone. Pues no hay empresa que se resista al poder extraordinario que son capaces de desplegar las mujeres rojas, que visten los colores de la osadía. Convirtió esas naranjas lanzadas para hacer daño en flores blancas de azahar, inaugurando un periodo especial de la historia democrática de la ciudad de Córdoba, en el que supo utilizar el arte y la magia de la política para desplegar utopías, que se pudieron materializar al fin sobre la palma de la mano de muchos de los habitantes de esta ciudad.
Mi Reina Maga es de verdad, de carne y hueso, fuma ducados. Se llama Manuela Corredera y fue la impulsora de los servicios sociales municipales en la ciudad de Córdoba, donde tejió redes de esperanza y puso cimientos de derechos y de solidaridad que perduran.
Mi Reina Maga, mi Manuela, se ha vuelto intemporal, su memoria fluye de una mente a otra como un río de manos que acarician y que no se detienen. Visita plazas llenas de feministas activas que luchan para detener violencias, casas de gentes que resisten desahucios, visita marchas de la dignidad, también caminos alegres de senderistas, mesas de juegos en tardes de domingo y escenarios improvisados de teatro. Visita, como no, los cuartos repletos de sueños de sus nietos y cada uno de los recodos de la memoria de todas las personas que la amamos sin límite.
Mi Reina Maga se llama Manuela Corredera, fue de carne y hueso, fumaba ducados y ahora es un ser sobrenatural.
Carmen Barrios Corredera


martes, 19 de julio de 2016

El perro de la casa grande

Perro en la ventana

El 18 de julio de este verano se han cumplido 80 años del golpe de Estado contra la II República, que dio lugar a una guerra atroz. En la provincia de Burgos el golpe triunfó desde los primeros momentos y la represión fue brutal. Los fascistas purgaron los pueblos de la provincia para no dejar ni rastro de republicanos. 
Desde el principio acudieron en su ayuda tropas nazis. En muchos de los pueblos del norte de Burgos las casas de los republicanos depurados, desaparecidos, asesinados, fueron ocupadas por soldados nazis, como sucedió en la comarca de las Merindades en la localidad de Gayangos. 
Es una historia que se conoce poco. Yo he tenido noticias gracias a la memoria de Esperanza López, que me relató la historia triste del perro guardián de su familia, que murió de pena al ver como los soldados invasores ocupaban la casa familiar y él no podía hacer nada. 
Fabulando, y tomando como percha la leyenda del perro de la familia de Esperanza, he construido esta historia -que pego a continuación- un poco real, un poco inventada. Quiero que sirva de homenaje a todas esas personas que han resistido sin olvidar y que nos relatan lo sucedido. También a los perro, a los gatos, a los burros o los caballos, a cualquier bicho viviente que resiste y no se doblega ante los invasores. Y por supuesto quiero dedicársela a quienes han cogido el testigo y siguen indagando para saber qué sucedió en nuestra guerra, en nuestra larga postguerra y durante la dictadura franquista. Es algo necesario si queremos ser capaces de entender mejor nuestro presente. El 18 de julio debería aparecer teñido de luto en el calendario español, para recordarnos el día de la infamia, algo que no debe volver a producirse. Para ello es necesario juzgar el franquismo. Este país dará un paso histórico hacia una democracia sin lastres cuando lo haga. Mientras espero, continuaré escribiendo, rescatando historias, fabulando, relatando...
Tanto el cuento como la fotografía han sido publicados también en la web www.radicaleslibres.es en su sección Open Kultur: http://radicaleslibres.es/perro-la-casa-grande/ 
Además, este relato forma parte de una colección de cuentos publicados en el libro Rojas. Relatos de mujeres luchadoras de la editorial Utopía libros utopialibros.com que he presentado recientemente en Madrid http://radicaleslibres.es/tarde-entre-rojas/.

El perro de la casa grande
Las botas negras de los soldados estaban relucientes. Brillaban tanto que en su lustre se reflejaban los ojos húmedos del perro pastor de la casa grande. Eso es lo que mejor recuerdo de aquellos días. Las botas negras y relucientes de los soldados y los ojos húmedos del perro. Me daba miedo mirar para arriba. Los soldados eran auténticos gigantes oscuros, que hablaban con tono desabrido y seco, como si con cada palabra cortaran el aire como el hacha corta el cuello de una gallina, ¡cracs!, en un idioma áspero que no entendía. Hablaban en el idioma de los invasores. Yo no quería mirarles. Solo miraba hacia el suelo. Veía sus botas y los ojos húmedos del perro reflejados en ellas. El perro de la casa grande, que se había vuelto viejo de repente.

Estaba convencida de que si les miraba directamente me ocurriría algo malo. Me convertiría en piedra, tal como sucede en los cuentos cuando una niña mira a un brujo malvado a la cara. O me podría ocurrir algo peor. Podría desaparecer para siempre. Como le había pasado a mi abuela y a mi madre, que se las habían llevado y hacía días que no se sabía nada de ellas. Y no digamos de los hombres de la familia, habíamos perdido la cuenta de los días, parecía que se los había tragado la tierra. Mi tía y yo éramos las únicas que todavía permanecíamos en la casa. Bueno, mi tía, el perro y yo.

Mi tía era una mujer fuerte, decidida. Era la hermana pequeña de mi madre. Creció de golpe durante aquellos días. A pesar de todo la recuerdo erguida, caminaba con la cabeza alta, como si no hubiera ocurrido nada. Cuando se llevaron a mi madre y a mi abuela a ella también se la llevaron. La soltaron al día siguiente, al fin y al cabo no tenía más de quince años. Eso sí, cuando apareció en la puerta de la casa con cuatro soldados -vestidos con ese uniforme negro- detrás de ella, casi no la reconozco, porque le habían arrancado el pelo a mechones y tenía la cabeza como si hubiera pillado la sarna. Pero la que se escondía dentro de esa figura destartalada era su voz, era ella. Le habían arrancado el pelo, pero no habían conseguido quebrar su voz. Tampoco sus andares altaneros. El perro pastor la reconoció antes que yo y se fue hacia ella como para protegerla, enseñando los colmillos como un lobo.

Yo solo le había visto así una vez que iba con mi padre por el campo y vimos un oso de lejos. El perro se colocó delante de nosotros, se puso tenso con el pelo del lomo erizado y sacó sus colmillos. Recuerdo que mi padre le dijo: “Vamos Rollo, deja de enseñar los dientes, ya se va el oso, buen perro, buen perro…”. Y efectivamente lo era. Era un buen perro. Grande, con el pelo oscuro, con una mezcla entre perro pastor y mastín que le daba un aspecto imponente. Mi padre le llamó Rollo, un nombre que no hacía justicia a nuestro perro, que se tenía que haber llamado Trueno o Tormenta, como quería mi madre. Pero mi padre se empeñó en ese nombre porque decía que así se llamaba el perro de Jack London, un escritor de novelas de aventuras que le gustaba mucho. A menudo nos leía párrafos de una novela que trataba la historia de un perro de trineo…cómo disfrutaba yo con esa historia. Es curioso, si cierro los ojos todavía puedo escuchar la voz de mi padre leyendo historias para mí al caer la tarde.
-“¿Dónde estás, padre?, ¿dónde?, ¿cómo es posible que todavía no hayamos podido encontrarte?”

Uno de los soldados le dio un golpe seco, con la culata de su fusil, y luego otro y otro y otro…Lo dejó tirado como un fardo y lo ató al portón de la entrada del pajar. Sobrevivió de milagro a ese primer día.Yo corrí y me senté a su lado, y le sujeté la cabeza sobre mis piernas. El soldado me gritó algo que no entendí…mientras otro tiraba de él y entraban en la casa detrás de mi tía. Los ojos de Rollo estaban abiertos y húmedos. Nunca había visto llorar a un perro. Nunca volví a ver llorar a ningún otro perro. Pero estoy segura de que Rollo lloraba. Lloraba de impotencia, para dentro, como lloran las personas que presencian una injusticia y no pueden defender a sus seres queridos, ni tampoco a sí mismas. En ese momento me pareció que Rollo era una persona metida en el cuerpo de un perro y que estaba ahí, presa, dentro de un cuerpo peludo de cuatro patas que no le correspondía. Se merecía un cuerpo de dos patas y dos manos, como el mío. Pero también recuerdo que pensé que quizás gracias a su forma de perro se había salvado, si hubiera tenido un cuerpo de persona se lo habrían llevado como a mi padre, a mis tíos, a mi madre y a mi abuela.

Desde ese día Rollo ya no fue el mismo. Caminaba con la cabeza gacha, como si arrastrara su cuerpo, vencido por una impotencia amarga, espesa y tenaz, que se pegaba a sus patas como la brea. Cuando oía las voces broncas de los soldados mandar a mi tía o a mí se le caían las orejas y los ojos se le llenaban de agua. El pelo se le volvió gris de repente. En unos pocos días Rollo había pasado de ser un perro fuerte, que no llegaba a los siete años, a convertirse en un anciano lleno de achaques. Yo podía ver con claridad como cada grito de los soldados, cada golpe que le daban a mi tía o cada empujón que me propinaban se convertía en un mal que minaba la vida del perro de la casa grande como solo puede hacerlo un terrible veneno.

Los soldados se quedaron en la casa una larga temporada. Ocuparon los mejores cuartos, los de arriba. Mi tía y yo nos convertimos en sus criadas. Yo no llegué nunca a mirar más arriba de sus rodillas. Solo veía sus botas negras. Se me quedaron tan grabadas en la memoria que setenta y cinco años después, aun me parece ver esas botas negras y relucientes pisotear con marcialidad las losas pulidas del salón de la casa grande.Y los ojos húmedos del perro reflejados en ellas.

Rollo se murió de pena. Su vida se apagó en un mes. No duró más. Los soldados se quedaron en la casa y él no pudo soportarlo. Dejó de comer y se dejó morir, se apagó despacio, como lo hacen las luciérnagas del río si se les mojan las alas.

Mi tía y yo sobrevivimos a los soldados, que volvieron a su país cuando terminó la guerra en nuestro pequeño mundo. Se llevaron sus botas y sus cruces negras. Arrasaron nuestra casa, se comieron los cerdos y las gallinas, dejaron sin leche las ubres de la vaca, que se secaron para siempre; rompieron todos los libros que había en la casa y arrancaron los retratos familiares de las paredes. Pero no pudieron con mi tía ni conmigo, que quedamos en pié para recordar, para buscar respuestas, para contar lo sucedido y conjurar el futuro. Somos viejas, pero fuertes como los juncos del río, que soportan sequías y locas tormentas y siguen ahí, inclinándose lo justo para no ser quebrados por los vientos adversos. 

Hoy, 12 de junio de 2011 hemos tenido noticias de que era posible que los cuerpos de mi madre y de mi abuela estuvieran entre los restos encontrados en la finca de los Tilos, al norte del Valle Encendido. De mi padre y de mis tíos seguimos sin pistas. Han pasado setenta y cinco años, no los olvidamos.












miércoles, 15 de junio de 2016

La hecatombe o la risa contra el miedo

Un corazón en el muro de Lennon


La risa es un bálsamo contra el miedo. Lo conjura. Es una poderosa herramienta de lucha. Miguel Hernández escribió unos versos en un lindo poema que me encantan y que me vienen a la mente cuando observo cómo las gentes que resisten, que luchan por conseguir un mundo más justo y más igualitario casi siempre lo hacen con una sonrisa en los labios:  "Tu risa me hace libre/ me pone alas/ soledades me quita/cárcel me arranca...".
Ahora en España estamos inmersos en una campaña electoral diferente. Se repiten la elecciones con una particularidad importante: hay una candidatura unitaria llamada Unidos Podemos que recoge el impulso esperanzado de todas las personas que se han hartado de que les recorten la vida, les expropien los derechos y les devalúen la existencia. Esta candidatura concurre bajo el lema "La sonrisa de un país", un hermoso lema cargado de esperanza que alude al poder de la risa que nos hace libres para oponernos a lo injusto, nos pone alas para remontar las dificultades, soledades nos quita porque luchamos unidas en pro de conseguir el bien común en torno a un conjunto de aspiraciones compartidas y cárcel nos arranca, porque son muchas las personas a las que esta democracia recortada quiere sancionar o encarcelar: Bódalo es un ejemplo, los más de trescientos sindicalistas pendientes de juicios son otro ejemplo sangrante. 
El cuento que va a continuación va de eso, de la pugna entre la risa y el miedo. Intenta ser una metáfora de lo que sucede, espero haberlo conseguido. 
La fotografía que lo acompaña la realicé en el Muro de John Lennon en Praga, una auténtica belleza artística, producida gracias a la cooperación de muchos grafiteros y grafiteras que han querido dejar allí su colorida huella.
La hecatombe
Los periódicos anunciaban una hecatombe. Repetían, como un mantra, que el mundo se terminaría el 26J si el equipo formado por la unión de los morados, los rojos, los verdes y otros colores difíciles de describir -por su mezcla imaginativa y heterogénea- conseguía alcanzar la cima. Los diarios de la mañana describían las siete plagas bíblicas, que asolaban un país del Cono Sur, para poder explicar lo que sucedería. Los de la noche, en cambio, fijaban como ejemplo los horrores descritos en el mismísimo infierno de Dante, que según ellos se había instalado en la cuna de la civilización europea, para alertar del desastre. Sin duda exageraban, pero ya se sabe que la noche todo lo oscurece.
Luego, más adelante, nos enteramos que se terminaría, no ya el mundo, sino el mundo conocido, el que había existido hasta ese momento, pero eso sería más adelante.
El caso es que por esos días las gentes caminaban temerosas por las veredas, pegadas a la pared para evitar despeñarse y sin hacer demasiado ruido, porque la amenaza de algo definitivo parecía cierta e ineludible. Nadie en su sano juicio podía escapar a una sensación de fin de temporada. Pero no el fin de temporada que da paso a las rebajas en los centros comerciales, ese que te incita a correr para no quedarte sin tu camiseta preferida. No. Era un fin de temporada mucho peor, porque los periódicos en su obsesión describían un fin de temporada total: el final, una hecatombe.
Así transcurrieron los días. Unos días marcados por incertidumbres extremas y escasos resquicios por los que una persona cualquiera pudiera escurrirse para escapar por el pasillo de la esperanza. Pero ninguna exagerada impostura puede mantenerse eternamente.
Una mañana hubo un punto de inflexión en la percepción del miedo a la hecatombe. Nadie sabe muy bien cómo se produjo, pero todo apunta a que el nivel de desesperación y temor que se infundía fue tan pronunciado, que necesariamente tuvo que comenzar a aflojar un poco. Una tensión prolongada de temor extremo o explota ya, o tiende a desinflarse.
Y eso fue lo que sucedió. El aire de ese globo de miedo comenzó a escaparse, como casi siempre, gracias a una carcajada. Fue la risa.
Fue una risa contundente, cargada de inteligencia, una risa de reflexión, ese tipo de risa que producen los hallazgos inesperados; una risa de felicidad y fuera de control, que se escapó libre, aleteó como una idea luminosa y se fue a posar sobre el papel de un dibujante que deliraba rematando el boceto que tenía que entregar para el periódico de la mañana. Ese tipo de risa fue la que torció el curso de los acontecimientos, porque se propagó como un virus eficaz e incontrolado por el cuerpo social sin contención alguna. La risa es un bálsamo contra el miedo, es un abanico lleno de colores que airea los malos pronósticos y termina por diluirlos en un mar de relatividad. Cuando se pronostica el miedo absoluto se suele terminar en otra parte.
El viñetista se atrevió a conjurar el miedo a la hecatombe componiendo su propia interpretación descabellada del escenario que describiera Dante. Y es que la realidad es muy rica, y lo que para unos son demonios con el pelo de colores, para otros son solo personas que comienzan a cuestionar lo que se ofrece.
Aquella risa descontrolada fue una luz cegadora, un disparo de nieve -como pronosticara un tal Silvio- en una noche oscura. Iluminó algunas mentes que comenzaron a reír, primero con cierta timidez y hasta disimulo, pero después los rostros, las bocas, los pechos, las cinturas, las caderas, las manos y los pies de miles, de millones de seres se fueron contagiando de una alegría tal que iba a romper todos los pronósticos.
Efectivamente después de aquél 26J nada iba a ser igual. Se terminó el mundo conocido y nació otro diferente, más esperanzador. Nació un mundo que oponía la dulzura de la risa al miedo. Un mundo tejido con el compromiso y la cooperación de todas esas gentes de pelos de colores que se atrevieron a trepar muy alto, hasta la cima de la montaña más elevada para poder mirar unidas lo que les rodeaba con la suficiente perspectiva. Un mundo alumbrado por gentes que se resistieron a navegar por la vida a solas, con lo justo, en embarcaciones precarias y sin seguro, como lo hacen las hormigas en una cáscara de nuez, que intentan sin éxito sortear las siempre procelosas aguas del mal menor. Nada que ver con una hecatombe.
Carmen Barrios

domingo, 1 de mayo de 2016

¡Viva la unidad y la fuerza de los trabajadores y las trabajadoras!

La cama

Las camas gritan es un relato que escribí desde las tripas, tras leer un artículo que contaba las penosas condiciones de trabajo de las camareras de hotel. Su trabajo ha quedado desvalorado y sufren el acoso de la precariedad laboral más descarada desde que los convenios laborales han dejado de ser una herramienta de regulación debido a la contrarreforma laboral de Partido Popular.

Las dos ultimas reforma laborales han servido, fundamentalmente, para que la explotación descarnada de los trabajadores y de las trabajadoras se convierta en norma, precisamente porque estas dos leyes han terminado con las normas y han instalado un mercado de trabajo desregulado en el que los empresarios tienen las manos libres para tratarnos como una mercancía muy barata. La fuerza del trabajo se ha abaratado (salarios de hace treinta años), y las condiciones laborales rozan la última expresión. Una de las consecuencias más graves es el incremento de los accidentes y de las muertes en el trabajo, también del aumento de las enfermedades asociadas a él. 

En lugar de trabajo decente tenemos, cada vez más, trabajo precario y salarios de miseria.

La Federación de Servicios a la Ciudadanía de CCOO convoca un premio anual de relato corto para conmemorar el Día Internacional de la Seguridad y la Salud en el Trabajo, este año ha sido la segunda edición, titulado La salud en el trabajo para dar visibilidad, a través de la literatura, esta realidad. Mi relato ha resultado ganador de esta edición.

Realicé esta fotografía en un hotel portugués de la ciudad de Tomar el verano pasado. Cumple con las expectativas del relato, porque transmite inquietud y desasosiego. El blanco y negro ayuda a proporcionar el dramatismo oculto que necesita la imagen metafórica que conduce todo el relato. 

Lo subo el 1 de Mayo de 2016 porque sigue siendo para mí un día de lucha y de reivindicación de los derechos de la inmensa mayoría de las personas, que estamos unidas -nos demos cuenta o no- por nuestra condición de trabajadores y trabajadoras, y como tales tenemos un largo recorrido por andar hasta conseguir nuestra emancipación y nuestra decencia como seres humanos. Nuestra fuerza sigue siendo la unidad de quienes nos sentimos miembros del cuerpo del mundo del trabajo, en cualquier lugar, en cualquier país, en cualquier galaxia.

¡Viva la unidad y la fuerza de las trabajadoras y los trabajadores!

Tanto el cuento como la fotografía han sido publicados también en la web www.radicaleslibres.es

Las camas gritan

Las camas gritan, están gritando muy alto. Me ponen los pelos de punta. Se quejan con la desesperación de los cerdos cuando son atravesados por el punzón afilado del matador. Agonizan, lloran con un lamento empapado de muerte, están destripadas y panza arriba, con las sábanas enfangadas y caídas hacia el piso, como miles de brazos inertes.

Las camas del hotel gritan de forma tan furibunda que las oigo desde mi propio cuarto. Me pregunto cómo es posible. Pero sí, las oigo. Están aquí a mi lado, en mi lecho, me gritan al oído. Su estrés rebota dentro de mi cabeza como el badajo de hierro dentro de una campana. Las camas escupen con ansiedad la mugre de los cuerpos sudados, cubiertos de pelos que se clavan como finas astillas podridas en los tejidos y me despiertan en mitad de la noche, o de madrugada, o dos horas después de acostarme. Me despiertan todos los días. Un día tras otro, en este infierno de camas y camas por hacer al precio de un euro y medio la pieza.

Cuando me levanto por las mañanas tengo los ojos secos y gordos. Los párpados, hinchados por los efectos de los gritos nocturnos, me dificultan la visión clara de las cosas y me pesan las piernas como sacos de arena. Hago un esfuerzo por encima de mis posibilidades y salgo a la calle con un café y un par de analgésicos en el estómago, que una hora después parece una olla repleta de rescoldos.

Mi estómago no importa. Mis piernas no importan. Mi cabeza no importa. Tengo que llegar al hotel lo antes posible. Las camas no pueden esperar, están en las últimas, necesitan que las asistan con urgencia, se precisan manos… miles de manos firmes y fuertes para recuperar todas esas camas despanzurradas y dolientes, todas esas camas moribundas y agonizantes que esperan el contacto firme de las manos para resucitar.

El encargado ya está ahí esperando, y me apremia, me apremia dando palmadas detrás de mí para que suba corriendo y me ponga con ellas. Cuando subo a la primera planta la cabeza me va a estallar. Los gritos y los lamentos de las camas son insoportables, no sé si podré salvar alguna, están casi todas en las últimas. Abro las puertas del corredor del primer piso y me decido por la 111, que parece la más urgente. Presencio un espectáculo que me supera. Atroz.

La cama es grande, más grande de lo normal, es una de esas camas especiales de tamaño descomunal y se encuentra completamente desangrada. Tiene las tripas fuera y sus sábanas caen como los brazos flojos y abatidos de un soldado destripado en medio del campo de batalla. Tiene una hemorragia que no puedo sujetar y se me va, se me va…se me va a morir…No, No, No!!! No puedo comenzar el día así, con una cama muerta…

Una cama muerta al inicio de la jornada me invalida el día…ya no seré capaz de superar esto…este dolor, esta cabeza que me va a estallar, estas piernas que no me obedecen, estos riñones que no sé si son míos o me los han trasplantado de una cerda…ya no lo soporto…comenzar así el día, sin ayuda, sin nadie más que asista este desaguisado…no sé si llamar al encargado para que certifique la muerte de esta cama gigante o si continuar con el siguiente cuarto, el siguiente cuarto, el siguiente cuarto…del que sale una luz brillante, la luz de un sol cegador…

Ufff!!, ¿qué hora será? Dios! Mierda! Me he quedado dormida…si es que no puede ser, no puedo continuar así, tomando pastillas para dormir, pastillas para levantarme, pastillas para poder andar, pastillas para que no me estalle la cabeza, pastillas para poder soportar este dolor de riñones, este trabajo a destajo de temporada alta…a euro y medio la pieza, ¡menuda mierda! ¡Y sin convenio ni hostias! ¡Que se ha ido todo al carajo con esta crisis! ¡Qué nuestro trabajo no vale una mierda! Y con este calor pringoso que hace en las islas…sofocante, y venga camas, y una cama tras otra, y venga temporada alta, y venga habitaciones, limpia, friega, recoge, dejas las camas listas, estiradas, bien colocadas, y los detalles para los clientes… que no se te olviden los malditos detalles… ¿cuántas habitaciones hice ayer?, ¿treinta?, ¿cuarenta?, ¿cuarenta camas?
No me extraña que tenga pesadillas.