domingo, 22 de enero de 2012

Astrid Saalmann pinta trajes que desnudan el alma



Astrid Saalmann ante dos de sus obras


Astrid Saalmann pinta trajes que desnudan el alma

Mirar, acariciar, crear, comprender los sentimientos y plasmarlos en forma de trajes compuestos sobre madera, lienzo o papel a base  de texturas y colores que casi pueden tocarse y olerse. Astrid Saalmann (Bielefeld, Alemania, 1964) pinta trajes para nuestros ojos. 

La artista muestra su obra en la exposición titulada “El Juego de la Piel”, que se puede contemplar en la galería “Espacio Arte” de Alcalá de Henares (Ronda de la Pescadería, 14), desde el 21 de enero al 4 de febrero de 2012.
Dibujos en grafito de Saalmann

Los cuadros representan trajes casi arquitectónicos, diseñados para personalidades excesivas, como estructuras que cubren el alma para desnudarla o acaso para ocultarla. La exposición está compuesta de un cuatríptico de 160X250, titulado “Pasos” de trajes monumentales, varios dibujos de 90X72 en lápiz que representan trajes casi animados, suspendidos en el aire como si danzaran o flotaran a punto de tomar vida propia. Además, la artista ha colocado una instalación de dos vestidos colgados del techo, conformando un volumen de cuerpos dispuestos para ser capturados y llevados al papel o al lienzo.

Instalación

La relación de Saalmann con la pintura, como ella misma explica en su web www.astridsaalmann.net , nace de un proceso de construcción y después de destrucción. Utiliza arenas y tierras para componer estos espacios para el cuerpo, que sufren un proceso de decapado, eliminando fragmentos de su superficie a modo de esgrafiado para sacar la esencia y dejarla limpia ante nuestros ojos.

Astrid ama las fórmulas experimentadas a lo largo de la Historia del Arte: recetas a base de pigmentos, anilinas, aceite de linaza, caseína, colas…una forma de “crear pintura” que transmite solidez a sus obras, haciendo que sus trajes parezcan fachadas arquitectónicas y, en ocasiones, puedan llegar a confundir nuestros sentidos y colocarnos dentro de un universo de escenas de ciudad con dimensiones humanas.
Un momento de la inauguración de la muestra
La obra de Saalmann es única e invita al tacto. Los colores remiten a las tonalidades intensas de los pintores flamencos, pero con un punto de luz que nos sumerge en la intimidad, recreando la relación que se establece entre el vestido y quien ha de llevarlo. 

Cuando contemplo los cuadros de Astrid, me siento espectadora privilegiada de un universo de telas casi esculpidas sobre la superficie del cuadro. Desearía poder traspasar esa realidad de aspecto cerámico, como una nueva Alicia, para poder probarme uno de esos trajes y mostrarme así, ante los demás, con una bella piel de arquitectura única.   
Astrid ante su obra Pasos

Pego este poema para Astrid, porque remite justo a lo contrario de 
lo que ella hace. Ella lucha por ser auténtica, y vuelve al primer 
punto, al punto de partida para continuar construyendo su obra
sin desacanso y sin hacer concesiones. Vuelve para regresar a sí 
misma, que es lo que algunos intentamos con menos resultado. 

La vuelta 

He vuelto.
He regresado
al primer punto.
Al punto de partida.
Al lugar de los que venden su libertad
al precio de un carácter.

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